Las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús (ACI) es una Congregación Religiosa Católica. Nuestros Centros Educativos se insertan en la Iglesia y en su quehacer pastoral; se integran también en el sistema educativo nacional.

"En el Corazón de «Aquel a quien traspasaron» contemplamos la manifestación de la misericordia, que nos lleva a mirar el mundo con esperanza. Queremos colaborar con Él, por Él y en Él, en la reconciliación de los hombres entre sí y con Dios, y que la creación, puesta al servicio del hombre, sea un reflejo de la gloria divina" (Constituciones ACI N°2).

Nuestra visión del mundo y del hombre se inspiran en el Evangelio de Jesús, que se manifiesta especialmente en la Eucaristía. El plan de Dios sobre el hombre y el mundo fue distorsionado por el pecado, pero ÉL nos dio a su Hijo para reparar su imagen en nosotros. La reparación es "nuestra respuesta de amor a Cristo mediante la comunión con ÉL en el Misterio Redentor, que se actualiza en la Eucaristía."  (C. ACI.2).

La Eucaristía educa y capacita para el amor, para la liberación y el crecimiento social. Nos hace reparadores porque en ella vivimos el amor que Dios nos tiene al haberse entregado por nuestra salvación; ese amor se convierte en principio interior de lo que somos y hacemos.

La educación es una forma de amor.  Reparamos educando y educándonos, porque la educación colabora con la gracia en generarnos como hombres y mujeres nuevos/as, buscando a Dios en todas las cosas.  Es dejar brotar lo que somos como personas; manifestar lo que está oculto de bueno, verdadero y bello y acompañar su crecimiento. Estamos convencidas de que el Colegio educa por el ambiente que crea.

María, educadora de la fe  cuida que el Evangelio nos penetre, conforme nuestra vida diaria y produzca frutos de santidad (D.P. 290). Como primera Esclava del Señor, nos enseña con su "sí" que la entrega a Dios nos libera y nos hace liberadores.

Nuestros Colegios se centran y se construyen en la Eucaristía. Celebrando y adorando a Jesús aprendemos que siempre podemos sembrar el amor, reconciliarnos, confiar en la posibilidad de bien que hay en cada uno, vivir y transmitir los valores de Jesucristo.

Santa Rafaela María, nuestra fundadora, tuvo esta experiencia fuerte del amor reparador de Dios frente a la obra destructora del pecado en las personas y en las culturas. A partir de esta realidad, ella valoró la educación como un camino para que todos pudieran sentirse personalmente amados y salvados por Dios; ser personas plenas que respondieran libre y comprometidamente con amor a ese Amor, desde los propios dones y la propia vocación (Constituciones ACI N° 7).

                               

                                  Santa Rafaela María

Para Santa Rafaela la educación y el conocimiento de Jesús, dan a las personas un centro vital a partir del que se puede crecer libre y fuerte, solidarios e integrados.  Significa que puede fluir la imagen de Dios que llevamos dentro gracias al encuentro con los demás; precisamente porque ese encuentro es casi siempre un llamado a vivir plenamente, haciéndonos más humanos, más personas.

La Congregación de Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús educa como parte de su misión evangelizadora. En esta misión, dada por Jesús a través de la Iglesia, participan los laicos que comparten el seguimiento de Jesús en esa misma espiritualidad y sirven al pueblo de Dios en la educación. Los laicos encuentran en este servicio, un fecundo campo para realizar su vocación.

Santa Rafaela decía que "el Instituto es universal como la Iglesia". Esta universalidad se encarna en la Iglesia local. Nuestros Colegios son centros educativos de la Iglesia, iluminados por su magisterio. La universalidad marca nuestra educación, que busca abrirse al propio país y al mundo, al diálogo y a la tolerancia, a sentirnos hermanos de todos.

El Corazón de Jesús nos anima a un diálogo abierto con el mundo, mirando el momento actual de la historia con amor y esperanza, en actitud de escucha y discernimiento. En ese Corazón aprendemos que de nuestras heridas siempre puede nacer la vida. Nos resuena con especial fuerza el clamor de la injusticia y de la indiferencia ante Dios. Queremos responder a estos desafíos desde nuestro compromiso renovado de la educación evangelizadora.